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Peregrinación a Luján. Por Lidia Mutto      
 
 
 
 
Este fin de semana se realiza la Peregrinación Juvenil a Luján, bajo el lema “Madre enséñanos a construir la paz”. A lo largo de los años, esta Peregrinación se transformó en el acontecimiento más grande y renovador de la fe del pueblo argentino. Decir Luján es decir, de alguna manera, el corazón re 29/09/2017
 
 
  PEREGRINACIÓN A LUJÁN




Por Lidia Mutto

Este fin de semana se realiza la Peregrinación Juvenil a Luján, bajo el lema “Madre enséñanos a construir la paz”.

A lo largo de los años, esta Peregrinación se transformó en el acontecimiento más grande y renovador de la fe del pueblo argentino. Decir Luján es decir, de alguna manera, el corazón religioso de la Argentina.

Esta afirmación expresa el lugar que ocupa la Virgen de Luján en la historia común del pueblo de nuestra Patria y en el proceso de formación de nuestra compleja identidad nacional en constante configuración y abierta a nuevas determinaciones. Pero no caben dudas de que la presencia maternal de Nuestra Señora en la sufrida y esperanzada vida cotidiana de millones de personas que habitaron y habitan nuestras tierras, y en momentos difíciles de nuestra historia nacional fundamenta que nuestro pueblo se siente amparado “bajo el manto azul y blanco de la Virgen de Luján”. Incluso comunidades no católicas y personas no cristianas, en cuanto ciudadanos argentinos y hombres religiosos, peregrinan, visitan y rezan a su modo en Luján, reconociéndolo como un lugar privilegiado de la religiosidad y la cultura común de los argentinos.

Esto es así porque la Imagen de la Pura y Limpia Concepción ya ocupó un lugar central en la campaña bonaerense y en el territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata, constituido en parte por territorios de las actuales repúblicas del Paraguay, Uruguay y Argentina. Esta “centralidad” hizo crecer la incipiente devoción de los primeros tiempos hasta alcanzar un mayor desarrollo con Ana de Matos y el P. Montalvo, un posterior avance con Lezica y Torrezuri en la creación de la “Villa”, y una mayor profundidad con Mons. Aneiros y el P. Salvaire. La construcción del tercer templo, con el título de “Santuario Nacional”, manifestó claramente el alcance de esta devoción y su afirmación a nivel nacional, adquiriendo oficialmente en 1930 el título de “Patrona de las tres naciones del Plata”.

La imagen de Luján ha sido visitada por los “padres fundadores” de la nación y por muchos héroes argentinos, que simbolizan nuestra historia, como San Martín, Saavedra, Belgrano, Estrada, Rocha y otros. Allí quedan grabados los antepasados del pueblo en la memoria colectiva para siempre.

En Luján se recoge un rasgo central de nuestra identidad nacional y se toma conciencia histórica y religiosa de nuestra patria. A aquellos argentinos tentados de reducir el país a la cosmopolita ciudad de Buenos Aires, el santuario de Luján, edificado en medio de la pampa, llama a mirar hacia “tierra dentro”. Luján es la “casa común” de todos los argentinos, el “santuario de los sin parroquias”, un lugar donde se puede encontrar el “calor del hogar” que ayuda a reponer fuerzas para seguir el camino. Allí se vive el amor maternal, tierno y entrañable que despierta sentimientos verdaderos y crea vínculos de filiación y fraternidad entre los argentinos; tanto entre los católicos como con hermanos de otras iglesias y confesiones cristianas, generando un espacio particular para el diálogo ecuménico.



Para muchos católicos Luján es un lugar de preferencia en su vida cristiana, como una sede privilegiada a causa de la presencia de la María, en el cual es más fácil recurrir al Señor para pedir una gracia y recibir su misericordia. En los momentos decisivos de la nación, desde grandes estatistas hasta humildes paisanos han desfilado delante de la Imagen de nuestra Madre de Luján, pidiendo su intercesión ante su Hijo Jesucristo, Señor de la Historia, para obtener la paz o la unidad, o dar gracias por un favor que ha unificado a todo el pueblo. En este sentido recordemos los acontecimientos más recientes de trascendencia nacional, durante los cuales millones de argentinos nos refugiamos en nuestra devoción a la Santa Madre.

Quienes día a día llegan a Luján son llamados peregrinos. Hay distintos tipos de peregrinaciones, las que se pueden categorizar de modo diferentes: pueden ser peregrinaciones “espontáneas”, que incluyen a peregrinos que se acercan a visitar el Santuario de forma personal, familiar o grupal, sin una convocatoria oficial o institucional; o pueden ser “organizadas” por distintas asociaciones religiosas o civiles y, particularmente, por comunidades católicas.

Desde el Milagro de la Carreta siempre hubo peregrinaciones espontáneas, ininterrumpidamente, siendo la más numerosa e importante la que se realiza cada 8 de diciembre, todos los años.

En cuanto a las peregrinaciones “oficiales”, se registra la primera peregrinación organizada por la Arquidiócesis de Buenos Aires el 3 de Diciembre de 1871. Actualmente se destacan, la de la Sociedad de peregrinos a pie, que ya cumplió 100 años; la de las asociaciones folklóricas de gauchos a caballo, desde 1945, y nuestra peregrinación juvenil, desde 1975.

La expectativa es “descubrir” y “describir” los valores que encierran las peregrinaciones y que hacen de ellas experiencias que seducen y fascinan de tal modo que impulsan a los peregrinos a realizarla al menos una vez y suscitan el deseo de volver a repetirla.

Por muchas otras razones, “ir a Luján es un deber, que nace del corazón creyente y religioso de nuestro pueblo. Muchos jóvenes así lo han ido entendiendo y viviendo desde 1975. Al explicar la razón de la convocatoria a la primera peregrinación juvenil, bajo el lema “La juventud peregrina a Luján por la Patria”, se dijo que los jóvenes cristianos son parte de la Iglesia, el Pueblo de Dios en marcha, que unido en Cristo peregrina al Padre impulsado por el soplo del Espíritu.

Hace varios años participé por primera vez de la peregrinación a pie. Sábado 4 de octubre, año 1997, Parroquia Santa Rita de Cascia, Brandsen; desde las 9, el registro y la ubicación en los micros; hacia las 11, salida a Liniers, donde arribamos pasado el mediodía.

La llegada a lo que sería el punto de partida a la Peregrinación, nos impactó por la gran cantidad de gente, el entusiasmo, la alegría, el movimiento continuo. Ante nuestros ojos desfilaban decenas, cientos de personas que ya habían comenzado el recorrido, al que nos sumamos poco después, bajo una fuerte lluvia; eran las 14.30. Comenzamos a caminar, compartiendo cantos, rezos, lluvia, rodeados por tantos otros peregrinos. Algunos, como nosotros, otros empujando cochecitos con criaturas muy pequeñas, otros en sillas de ruedas, otros con muletas, otros llevando carritos que portaban una Virgen, otros llevando sendos equipos de música a todo volumen. Jóvenes y adultos, bebitos y ancianos, hombres y mujeres… todos con un mismo objetivo, siguiendo un mismo camino; cada uno con sus propias inquietudes, con sus distintos motivos.

Más de cuatro horas caminando bajo la lluvia, que por momentos arreciaba sobre una ruta casi inundada, fueron nuestro bautismo como peregrinos noveles hasta la primera parada “sin apoyo” (Los grupos de apoyo y servidores de las parroquias, instalan a lo largo del camino lugares preparados para brindarles cuanto necesiten los peregrinos.) ,en Morón, donde ya había cesado de llover. Allí pudimos cambiarnos, por lo menos las medias y quedar un poco menos mojados. Y allí, en Morón, un espectáculo maravilloso: la salida desde la Catedral de esa ciudad de la Virgen Patrona, que iniciaba también su peregrinar hacia Luján.

Continuamos la marcha, pasaron las horas, avanzamos kilómetros y llegamos a Merlo, luego fue Álvarez y por fin General Rodríguez; y en cada uno de esos lugares, nos esperaba un cartel con un nombre que pocas veces nos pareció tan querido: ¡BRANDSEN! Y junto a él, nuestra gente, el equipo de apoyo, con una sonrisa, un vaso de caldo o café, palabras de aliento, masajes y todo lo que pudiéramos necesitar para seguir adelante.

Pasando Rodríguez comenzó a amanecer, se escuchaba el canto de los pájaros que parecían celebrar nuestro paso; a lo lejos se adivinaba un puente, el cansancio ya se hacía sentir y por momentos parecía que las fuerzas nos abandonaban; atrás quedaron muchos kilómetros andados, muchas horas y también quedaron aquellos que, si bien venían caminando con nosotros, traían consigo su música estridente, bebidas alcohólicas, algún que otro “estimulante”, mucho ruido y poco o nada de devoción; esos, la mayoría, fueron quedando atrás, pero también esos caminantes formaban parte del camino y así pudimos comprobar que, tal como nos dijera el joven sacerdote que nos dio la charla previa a la salida, “la Peregrinación es como la vida, en ella se ve de todo”.

Y casi con el último aliento y arrastrando los pies, pero con el rosario en la mano y la vista en el infinito, llegamos y pasamos el puente de entrada a la ciudad de Luján y, al fin, al doblar una esquina…apareció la Basílica, la Virgen que nos esperaba para recibirnos. Las lágrimas nos inundaron, nos confundimos en un abrazo y dimos Gracias a Dios.

Un párrafo especial merecen esas decenas de jóvenes que como Servidores nos acompañaron desde Brandsen y hasta el regreso. Su amor, su caridad, su solidaridad, su presencia permanente, sólo puede resumirse en un ¡GRACIAS A TODOS! por haber sido realmente Servidores del Señor y por permitirnos comprobar, además, que existe una juventud entera, sana y plena de sentimientos.

A todos quienes hicieron posible nuestra peregrinación, que Dios los bendiga.

Por Lidia Mutto


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